Desde hace algunos años la industrias del sector avícola y pecuaria, han dado una gran importancia a la iluminación de sus recintos, esto en virtud a que existe comprobación suficiente del impacto que la luz tienen tanto sobre el crecimiento como sobre la producción de leche entre otros beneficios. En este artículo abordamos el efecto que tiene la iluminación en  recintos de producción de leche bovina.

Desde hace algunas décadas sabemos que los factores ambientales tienen gran influencia en la reproducción y en otras funciones productivas de los animales domésticos. Por ejemplo, el impacto negativo del estrés calórico en la producción lechera de los bovinos, o el favorable efecto de la luz para incrementar la producción de las gallinas y de los pollos de engorde. En forma más reciente,  el manejo del fotoperiodo sólo ha sido considerado un método de interés para mejorar la producción de leche en vacunos desde hace no más de 15-20 años. 

Se entiende por fotoperiodo el tiempo en el que un animal (o una persona) está expuesto a la luz (natural o artificial) a lo largo de un período de 24 horas; dicho de otra forma, fotoperiodo es el número de horas de luz diarias. Se considera un día largo (o fotoperiodo largo) el que proporciona entre 16 a 18 horas de luz y, por tanto, 8-6 horas de oscuridad. Un día o fotoperíodo corto sería el que proporciona 8 horas de luz y 16 de oscuridad, si bien en condiciones de campo cualquier fotoperíodo inferior a 12 horas proporciona la misma respuesta. 

El manejo del fotoperiodo tiene interés en la producción de leche pues son numerosos los estudios que muestran un incremento de la producción en vacas expuestos a días largos, con respecto al fotoperiodo natural. El fotoperiodo también afecta el crecimiento y reproducción del ganado joven, y otros estudios sugieren que la iluminación afecta también la función inmune.

¿Por qué la iluminación influye en la producción lechera?

La exposición a la luz inhibe la secreción de melatonina, hormona que regula los ciclos de sueño en el bovino y en otras especies (incluyendo el humano). Por ello, según se incrementa la longitud del fotoperiodo se reduce el tiempo en que la melatonina se encuentra en concentraciones elevadas en la sangre. La melatonina a su vez afecta la producción de otras hormonas relacionadas con el crecimiento y la lactancia del animal, particularmente de la Prolactina o PRL, y de la insulina como factor de crecimiento (IGF-I). Los niveles de IGF-I son importantes en el aumento de producción de leche observado. 

Un malentendido habitual es pensar que las vacas comen más por disponer de más horas de luz para acercarse al comedero y que, por ello, aumenta la producción de leche. Es al contrario. Fotoperiodos más largos estimulan la producción de leche y ello conduce a una mayor ingestión para aportar la energía suplementaria necesaria para esta mayor síntesis de leche. Puesto que las vacas pasan mucho más tiempo tumbadas que de pie en el comedero, colocar únicamente lámparas en la línea de comederos limita severamente la exposición a este tiempo extra de luz.

La respuesta productiva a fotoperiodos largos (16 h/día) obtenida en estudios experimentales y de campo es el de una producción extra de leche de 2 a 3 kg/vaca y día. Es una respuesta lineal, que no depende del nivel de producción de la vaca, habiéndose obtenido resultados muy similares en animales produciendo 20 kg o 35 kg de leche. Con respecto a los componentes de la leche, no se han observado efectos en el porcentaje de lactosa, proteína, grasa o sólidos. No obstante, al aumentar la producción, también aumentan la cantidad de estos componentes, pero sin variar significativamente su porcentaje. Hay que reseñar que la respuesta productiva a los días largos no es inmediata sino que tarda entre 3 y 4 semanas en manifestarse. 

La intensidad de la luz necesaria para obtener respuesta a la mayor duración del fotoperiodo se sitúa entre 150 y 200 lux, con una adecuada distribución de las lámparas para alcanzar esos valores de iluminación en todo el establo, no sólo en el comedero. 

Fotoperiodo y otras prácticas de manejo 

En las granjas que realizan 3 ordeños diarios puede resultar más complicado conseguir períodos de oscuridad de suficiente duración, si bien no se ha documentado ningún límite inferior para este período. Algunos estudios han verificado el efecto de los días largos con períodos continuos de oscuridad cortos, de 6 h/d. por lo que recomiendan que las pautas de ordeño se acomoden para dejar entre dos de los tres ordeños un período de oscuridad de, al menos, 6 h/d.

Disponer de luces rojas de intensidad débil puede facilitar el movimiento de las vacas en un establo sin luz y extender así el período de oscuridad. Lámparas de baja intensidad pueden colocarse a 6-9 metros de distancia y a 5 m de altura. Esta luz roja de baja intensidad no influye en la respuesta de los animales al fotoperiodo. 

En contraste con las vacas en lactación, diversos trabajos realizados en EE.UU. y en Canadá señalan que un fotoperiodo corto es más adecuado para las vacas secas, produciendo 3,5 kg de leche más por día en la lactación subsiguiente que aquellas vacas que estuvieron expuestas a fotoperiodos largos durante el periodo seco. Lo que implica que las vacas secas deberían estar alojadas en corrales o naves diferentes a los de las vacas en ordeño para poder manejar el fotoperiodo de modo diferente. 

Por otra parte, las vacas secas expuestas a días largos no consumen más alimento que las sometidas a días cortos, pero sí tienen pautas de alimentación algo diferentes, pues pasan más tiempo comiendo tras la distribución de la ración, en tanto las vacas secas expuestas a días cortos distribuyen su consumo de forma más uniforme a lo largo del día. Esta circunstancia puede ser útil en el diseño del establo y del área de alimentación, pues el pico de uso del comedero sería diferente entre ambos grupos. 

A determinadas horas del día, la iluminación natural de un local puede no ser suficiente (por ser de noche o por ser un día nuboso) y debe ser suplementada con iluminación artificial. Iluminación que debe ser uniforme y conforme al trabajo que se realice, y que no debe provocar deslumbramientos a los animales ni a los operarios. La iluminación artificial debe responder también a las necesidades de actividad, de confort, de seguridad o de ambiente. Para cada situación deben definirse las necesidades de luz tanto en términos de calidad de luz como de consumo de energía. 

La iluminación recomendada varía según el uso del local o de los alojamientos de cría. Para ciertas actividades se aconseja una iluminación localizada. Para las zonas de circulación de animales es preciso que la luz emitida por las lámparas no les cause deslumbramientos para facilitar sus desplazamientos.

Control del fotoperíodo 

El período suplementario de luz sobre la luz natural puede ser controlado mediante un temporizador y más eficiente aún, si se agrega algún dispositivo fotosensible. El temporizador enciende y apaga la luz a horas prefijadas, mientras que el sensor fotosensible puede apagar la luz cuando la iluminación natural es suficiente (independiente de la hora) o encenderla si no lo es. 

En instalaciones de última generación, cada punto de luz dispone de una dirección IP, por lo que pueden ser manejados desde cualquier dispositivo informático conectado a internet (solución IoT), pudiéndose controlar el encendido y apagado individual de cada punto de luz o, incluso, la intensidad y color de luz emitidos.

Calidad de luz 

Además de la cantidad de luz o flujo luminoso, debe también considerarse la calidad de la luz en un área de trabajo. El color de la fuente luminosa, la uniformidad de la iluminación y el brillo (deslumbramiento) son otros parámetros que deben ser tenidos en cuenta.

Color de luz

La temperatura de color característica (CCT) y el índice de rendición de color (CRI) son parámetros utilizados para describir las características de color de la luz artificial. Luces con valores más altos de CRI proporcionan luz que permite obtener un color más próximo al verdadero, mientras que luces con valores más bajos de CRI producen alguna distorsión del color. Un CRI de 80 o más es recomendable en oficina, sala de ordeño, lechería y áreas de tratamiento de animales.

Uniformidad

En un alojamiento o local ganadero, es necesario pensar en la disposición de las lámparas o luminarias. Los haces de luz de dos lámparas contiguas deben cruzarse para conseguir una iluminación uniforme, para lo que habrá que considerar también la altura de colocación de las luminarias sobre el plano de trabajo.

La relación entre la distancia entre luminarias  y la altura a la que se colocan sobre el plano de trabajo determina la uniformidad de iluminación en dicho área de trabajo. El trabajo habitual que se dentro del criadero se sitúa entre 60 y 90 cm del suelo, de forma que el flujo luminoso recomendado se mida a la altura de los ojos de la vaca cuando está de pie en el comedero y tumbada en la zona de reposo.

El uso de superficies en las paredes, techo y suelo que reflejen la luz (sin provocar deslumbramientos) favorece la uniformidad de iluminación y el rendimiento de la fuente de luz.

Deslumbramiento

El deslumbramiento puede definirse como cualquier brillo que aparece en el campo de visión y que provoca molestias, reducción de la visión y fatiga ocular. El deslumbramiento es el resultado de un exceso de luz en la línea normal de visión del área de trabajo. Este exceso de luz puede ser emitido de forma directa por la lámpara o ser el reflejo de una superficie brillante. La adecuada selección y correcto montaje de las luminarias sobre el campo o línea de visión y el uso de material mate en las superficies interiores reducen considerablemente el deslumbramiento.

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Fuente:  Callejo, A. (Septiembre 2016). Iluminación de Instalaciones de Vacuno de Leche. Frisona Española, 215,  pp.96-101.

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