¿Cuáles son las fuentes de contaminación que afectan la calidad del aire al interior de nuestros hogares y lugares de trabajo?, ¿Qué es el síndrome del edificio enfermo? , ¿Qué medidas podemos adoptar? Estas son las interrogantes que abordamos en el presente artículo.

Con la llegada del invierno y las bajas temperaturas la calidad del aire empeora, razón por lo cual las autoridades adoptan una serie de medidas orientadas a mantener los indicadores dentro de niveles aceptables para la salud humana: restrinción vehicular, dismunución de la actividad física en colegios y recientemente la prohibición total de la leña como combustible. Sin embargo en los espacios cerrados, sean estos oficinas, fábricas y aun en nuestros propios domicilios, la calidad del aire puede ser tan mala o incluso peor que en el exterior, no obstante lo cual no existe hasta ahora una legislación que regule esta materia, probablemente porque su fiscalización sería en términos prácticos inaplicable. En este escenario, lo único que podemos hacer es la auto-regulación, la que implica que seamos capaces de identificar las fuentes y tomar las acciones para mitigar sus efectos.  

Fuentes contaminantes intradomiciliarios

El cigarrillo: es uno de los principales agentes contaminantes en espacios cerrados. Si bien afortunadamente existe prohibición de fumar en oficinas y otros espacios públicos cerrados, aún muchas personas fuman al interior de sus domicilios. El humo del cigarrillo eleva los niveles no sólo de monóxido de carbono (CO), sino también de material particulado fino, el que es aspirado por fumadores y no fumadores, además aporta compuestos volátiles orgánicos (COV), cetonas e hidrocarburos policíclicos aromáticos.

Estufas: la mayor complicación de las estufas es que la mayoría de ellas son de combustión interna, es decir, no tienen salida al exterior, por lo que los contaminantes quedan en el interior. En este sentido, las estufas a parafina tradicional, conforme a estudios hechos por el DICTUC, son las que presentan mayor emisión de monóxido de carbono y material particulado fino. En contrapartida, entre las menos contaminantes están los sistemas de caldera y eléctricos, o aquellas que tienen ducto de evacuación no producen contaminación.

Hasta aquí, hemos mencionado las fuentes que son más conocidas y obvias para las personas, pero existen otras igualmente relevantes:

Superficies húmedas: mantener una temperatura muy elevada al interior de los espacios cerrados, produce la condensación de la humedad que se adhiere a los muros, produciendo hongos y bacterias que al viajar luego en el aire entran en nuestros organismo.

Plaguicidas, insecticidas, y otros elementos de limpieza: aportan diferentes compuestos orgánicos volátiles (COV)

Orines y fecas de animales: estas despiden amoníaco en forma de gas, contaminando el aire alrededor de sus focos de acumulación.

Máquinas fotocopiadoras: compuestos volátiles orgánicos, que tienden a concentrarse en los espacios donde las fotocopiadoras están emplazadas.

Sistemas de aire acondicionado: estas acumulan y dispersan agentes biológicos así como material particulado, monóxido de carbono entre otros.

Alfombras y tapices: agentes orgánicos como ácaros, material particulado fino,

Un tema relacionado también con la calidad del aire, es el peligro que generan los sistemas de calefacción por gas, cuyos ductos al no tener una mantención periódica por personal calificado, puede producir fugas de gases combustibles como gas natural, propano, metano, butano y otros. La inhalación de estos gases pueden producir pérdida de conciencia y muerte de las personas, y en casos de una fuente de calor (por ejemplo encender la luz) puede potencialmente provocar explosiones originando daños y lesiones severas a las personas.

Detectores fugas de gas

Efectos de la contaminación intradomiciliaria

Son de diferente índole, y se pueden traducir en el desarrollo de enfermedades mortales como el cáncer pulmonar vinculado principalmente al humo del cigarrillo. La combustión de gases, parafina, bencina o leña puede traer consigo náuseas, fatiga, irritación a la vista y vías respiratorias, taquicardia e incluso la muerte por asfixia en determinados casos.  Los plaguicidas e insecticidas pueden producir irritación de vías respiratorias y ojos, dolor de cabeza, mareos y fatiga. En el caso de las fuentes que acumulan material particulado y agentes orgánicos, pueden provocar alergias, aumento de enfermedades respiratorias como asma y neumonitis, tuberculosis, etc.

Síndrome del Edificio Enfermo

La permanencia en el tiempo de este tipo de contaminación del aire de espacios cerrados provoca en las personas dificultades adicionales. La Organización Mundial de la Salud (MS) llama a este fenómeno “Síndrome del edificio enfermo”, y lo define como el conjunto de enfermedades originadas o estimuladas por la contaminación del aire en espacios cerrados. Los síntomas de éste síndrome son dolor de cabeza, mareos, náuseas, fatiga, piel seca, irritación de ojos, congestión senos nasales y tos. Además, este síndrome puede afectar la salud mental como por ejemplo cambios de humor repentinos, estado de ánimo y dificultades en las relaciones interpersonales.

¿Qué medidas se pueden tomar?

La mayor parte de esta contaminación, al menos en invierno, tiene relación con la calefacción de los ambientes. En este sentido los esfuerzos deberían enfocarse más bien en no perder calor que en lugar de generarlo artificialmente. En general se recomienda que la temperatura dentro de los espacios cerrados fluctué entre los 18 y 20 grados en el día, por lo que una vez alcanzada esa temperatura, no es necesario mayor calefacción.

Es los casos que se requiera calefaccionar, prefiera las estufas con ducto de ventilación hacia el exterior, de lo contrario, ventile permanentemente los espacios, encienda y apague las estufas fuera del lugar de habitación, y por ningún motivo mantenerlas encendidas mientras las personas duermen. En caso de sistemas alimentados por gas de cañería, realice supervisiones permanentes con  personal calificado y con instrumentos de medición apropiados.

Evite la acumulación de humedad en paredes y superficies, esto se logra secando las paredes y evitando que vapores provenientes de cocinas y otros lugares se expandan dentro del recinto.

Lave y aspire constantemente alfombras y tapices,  evitando barrerlas, ya que con ello obtendrá el efecto contrario al deseado.

Realice una mantención permanente de los equipos de aire acondicionado.

Ubique máquinas fotocopiadoras en lugares donde existan ventanas o puertas que permitan ventilar el espacio circundante a la misma.

Para el aseo, utilice un paño húmedo y no levante polvo al barrer.

Por ningún motivo fume es espacios cerrados, particularmente cuando hay niños, ancianos o mujeres embarazadas en las proximidades.

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